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Mercados

Plaza de Mercado Paloquemao

Mercado de agricultores locales con salón cubierto donde se venden frutas, verduras, carne, pescado, artesanias y flores.

Direccion: Av. Cdad. de Lima #25-04, Bogotá

Plaza Distrital de Mercado La Concordia

Esta es una de las 3 Plazas de Mercado de la ciudad declaradas como Bien de Interés Cultural por ser patrimonio histórico.

Direccion:  Cl 12c # 1 -40, Bogotá

Plaza de Mercado La Perseverancia

La Perseverancia, la plaza de mercado forjada por mujeres que resguarda los sabores tradicionales de Colombia

Direccion:  Cra 5 #30 A – 40, Bogotá

Plaza de mercado del 20 de Julio

La plaza del 20 de julio se destaca por tener una zona campesina, donde se comercializan los fines de semana hasta 168 productos tradicionales, provenientes de 17 municipios de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Santander.

Direccion:  Cra. 6 #24A-30 Sur, Bogotá

La Plaza de Mercado La Concordia: el corazón popular de La Candelaria

Si los museos y las iglesias cuentan la historia oficial de La Candelaria, la Plaza de Mercado La Concordia cuenta su historia cotidiana. A pocas calles del Chorro de Quevedo, en el corazón mismo del centro histórico, esta plaza ha sido durante casi un siglo el lugar donde los vecinos del barrio compran sus alimentos, encargan un arreglo de zapatos, mandan a afinar un instrumento musical o simplemente se sientan a comer algo preparado con el mismo cariño de siempre. Visitarla es una de las formas más honestas de conocer La Candelaria más allá de sus fachadas coloniales y sus rutas turísticas: aquí, la vida de barrio sigue latiendo con la misma fuerza que hace décadas.

Un patrimonio con casi cien años de historia

La Plaza Distrital de Mercado La Concordia fue fundada en la década de 1930, en un momento en que Bogotá empezaba a organizar el abastecimiento urbano a través de mercados públicos distribuidos por distintos sectores de la ciudad. Su origen se remonta a la unión de varios mercados al aire libre que ya operaban en el sector, y que los propios vecinos del barrio decidieron consolidar en un espacio común, más higiénico y ordenado, dando así nacimiento a la plaza que conocemos hoy. El nombre “La Concordia” —que evoca armonía y unidad entre los habitantes— refleja precisamente ese espíritu fundacional de organización comunitaria.

Debido a su valor arquitectónico, histórico y cultural, la plaza fue declarada Bien de Interés Cultural en 1994, y es una de las pocas plazas de mercado de Bogotá que cuenta con esta protección patrimonial. Esa declaratoria no es un simple reconocimiento simbólico: ha permitido preservar tanto la estructura física del edificio como las dinámicas sociales y comerciales que se desarrollan dentro de él, evitando que la plaza se transforme en un espacio exclusivamente turístico y perdiera su función original como mercado de barrio.

Mucho más que frutas y verduras

Lo que distingue a La Concordia de un mercado convencional es la enorme diversidad de oficios y productos que conviven bajo un mismo techo. Además de la oferta habitual de frutas, verduras, carnes y productos de mercado campesino, la plaza alberga talleres de oficios tradicionales que en otras partes de la ciudad han ido desapareciendo: carpinteros, cerrajeros, técnicos que reparan electrodomésticos y luthiers dedicados al arreglo de instrumentos musicales trabajan puerta con puerta con fruteros, carniceros y floristerías. Esta mezcla convierte a La Concordia en algo más parecido a un pequeño pueblo dentro de la ciudad que a un mercado convencional: un lugar donde todavía es posible resolver, en un mismo recorrido, necesidades tan distintas como comprar un mango maduro o mandar a afilar unas tijeras.

Uno de los rincones más singulares de la plaza es su sección de viveros, especializada en el cultivo y venta de bonsáis, una tradición que ha convertido a este espacio en un referente para los aficionados a la jardinería ornamental en Bogotá. La oferta floral es igualmente destacada, con varios locales dedicados exclusivamente a la venta de flores frescas, otro de los productos por los que la plaza es especialmente reconocida entre quienes la visitan de forma habitual.

El sabor de la Concordia

La zona gastronómica es, para muchos visitantes, la razón principal para acercarse a la plaza. Los restaurantes y fondas instalados dentro de La Concordia ofrecen comida tradicional colombiana preparada al momento, con la ventaja adicional de que muchos de los ingredientes utilizados provienen directamente de los puestos vecinos de la misma plaza. Es habitual encontrar aquí caldos, sancochos, almuerzos completos con proteína, arroz y ensalada, además de jugos naturales preparados con las frutas exóticas que abundan en los puestos de alrededor. La relación entre calidad, sabor y precio es uno de los aspectos más valorados por quienes frecuentan estos locales, tanto vecinos del sector como oficinistas y turistas que buscan una experiencia gastronómica más auténtica que la de los restaurantes formales del centro histórico.

Arte contemporáneo bajo el mercado

Uno de los elementos más singulares de La Concordia, y que sorprende a muchos visitantes que no lo esperan, es la Galería Santa Fe, un espacio cultural instalado en la planta baja de la plaza, dedicado a la exhibición de arte contemporáneo y a la promoción de artistas emergentes y consolidados. La existencia de esta galería dentro de un mercado popular resume bien el espíritu de La Candelaria en su conjunto: un barrio donde la tradición más arraigada convive, sin fricciones, con las expresiones culturales más actuales. La combinación de mercado tradicional y galería de arte ha convertido a La Concordia en un modelo citado con frecuencia como ejemplo de cómo revitalizar plazas de mercado históricas sin desplazar a los comerciantes que las han sostenido durante generaciones.

Un mirador natural sobre la ciudad

La ubicación de la plaza, recostada contra las faldas de los cerros orientales, le da un valor adicional que pocos mercados en Bogotá pueden ofrecer: desde su parte trasera y desde la plazoleta exterior es posible disfrutar de una vista panorámica sobre buena parte del centro histórico y el resto de la ciudad. Esta cercanía con los cerros también conecta a la plaza, de manera casi directa, con el entorno natural que rodea a Bogotá, ofreciendo a locales y visitantes una transición suave entre la vida urbana del centro histórico y el paisaje montañoso que enmarca a la capital colombiana.

Esta característica ha convertido a la plazoleta exterior de La Concordia en un punto de encuentro social además de comercial. Los viernes por la tarde, en particular, es habitual que el espacio conocido como “la cuesta del sol” reúna a vecinos del barrio, comerciantes y visitantes alrededor de presentaciones artísticas, música en vivo y espectáculos callejeros, en una tradición que ha ido consolidándose como parte de la identidad cultural del sector en los últimos años.

Una plaza que ha resistido y se ha reinventado

Como buena parte del patrimonio de La Candelaria, la historia de La Concordia no ha sido lineal. Durante distintas épocas, la plaza atravesó períodos de deterioro físico y de disminución en su actividad comercial, en parte por la competencia de supermercados de cadena y por el envejecimiento de su infraestructura original. Sin embargo, a partir de procesos de restauración impulsados por entidades distritales dedicadas a la economía social y al patrimonio cultural, la plaza recuperó buena parte de su estructura arquitectónica original y renovó su oferta comercial, incorporando a nuevas generaciones de comerciantes formados en temas de atención al cliente, gestión empresarial y promoción turística, sin perder por ello el carácter popular que siempre la ha definido.

Este proceso de reactivación ha sido reconocido como un modelo de cómo revitalizar el patrimonio inmaterial de una ciudad sin recurrir a la gentrificación: en lugar de desplazar a los comerciantes tradicionales para dar paso a negocios más orientados al turista, la estrategia ha sido fortalecer a esos mismos comerciantes, capacitarlos y posicionarlos como parte activa del atractivo turístico del sector.

Cómo llegar y qué tener en cuenta

La Plaza de Mercado La Concordia se encuentra en pleno corazón de La Candelaria, a pocos minutos caminando del Chorro de Quevedo y de las principales calles turísticas del barrio, lo que la convierte en una parada natural dentro de cualquier recorrido a pie por el centro histórico. Al estar ubicada en una zona de calles angostas y con restricciones de parqueo, la recomendación general para quienes se desplazan en vehículo particular es dejar el carro en alguno de los parqueaderos cercanos y acercarse caminando, mientras que quienes llegan en transporte público pueden hacerlo fácilmente desde las estaciones más cercanas de Transmilenio, complementando el trayecto con una caminata corta por las calles empedradas del barrio.

Como en cualquier mercado tradicional, conviene visitarla con la mente abierta a la espontaneidad: los mejores hallazgos —ya sea una fruta que no se conocía, un plato del día especialmente bien preparado o una conversación interesante con algún comerciante de toda la vida— suelen aparecer sin planearlos, simplemente caminando entre los pasillos y dejándose guiar por el olfato y la curiosidad.

Un mercado, muchas capas de historia

Visitar La Concordia es, en cierto modo, hacer un recorrido paralelo al que ofrecen los museos y monumentos de La Candelaria, pero desde un ángulo distinto: el de la vida cotidiana y el trabajo popular que ha sostenido al barrio durante generaciones. Aquí no hay vitrinas ni salas de exhibición, pero sí hay memoria: la de los oficios tradicionales que resisten frente a la automatización, la de las familias de comerciantes que han pasado sus locales de generación en generación, y la de un barrio que, incluso en su versión más turística, sigue teniendo un espacio genuino donde la vida de siempre continúa su curso. Para cualquier visitante que quiera entender La Candelaria más allá de la postal, la Plaza de Mercado La Concordia es, sin duda, una parada imprescindible.

Las plazas de mercado de Bogotá: un patrimonio vivo más allá de La Candelaria

Bogotá es, ante todo, una ciudad de plazas de mercado. La capital colombiana cuenta con más de cuarenta plazas distritales distribuidas por distintas localidades, administradas en su mayoría por el Instituto para la Economía Social (IPES), además de la gigantesca Central de Abastos de Bogotá (Corabastos), considerada una de las plazas mayoristas más grandes de Suramérica. Cada una de estas plazas tiene su propio carácter, su propia especialidad y su propia forma de contar la historia del barrio que la rodea. Mientras que La Concordia, en La Candelaria, resume la vida popular del centro histórico, otras plazas de la ciudad ofrecen experiencias igual de auténticas, aunque muy distintas entre sí.

Paloquemao: la gran despensa de Bogotá

Si hay una plaza de mercado que compite en fama con La Concordia, esa es Paloquemao, ubicada en la localidad de Los Mártires, a poca distancia caminando de La Candelaria. En funcionamiento desde comienzos de la década de 1970, Paloquemao es probablemente la plaza más conocida entre los turistas que visitan Bogotá, y también una de las más visitadas por los propios bogotanos que buscan la mejor relación entre variedad, frescura y precio.

Con cerca de dos mil puestos distribuidos en sus pasillos, Paloquemao ofrece una oferta casi inabarcable: frutas frescas y exóticas —muchas de ellas desconocidas para quien no ha probado antes la biodiversidad agrícola colombiana—, verduras, carnes, pescados, aves, abarrotes, artesanías y, de manera muy especial, flores. De hecho, Paloquemao es la única plaza de mercado del país con un mercado floral formal y organizado, que inicia su actividad desde la madrugada, alrededor de las cuatro y media de la mañana, cuando llegan los primeros cargamentos de rosas, claveles, astromelias, pompones y flores exóticas provenientes de los cultivos de la Sabana de Bogotá. Visitar esta sección al amanecer, entre carretillas cargadas de flores recién cortadas y el bullicio propio de un mercado que apenas despierta, es una de las experiencias más recomendadas para quienes quieren conocer Bogotá desde su lado más auténtico.

Además de su oferta agrícola, Paloquemao es célebre por sus puestos de jugos naturales y desayunos tradicionales, donde es posible probar combinaciones de frutas poco comunes fuera de Colombia, así como caldos y platos típicos preparados desde temprano para abastecer tanto a comerciantes como a visitantes.

Samper Mendoza: la plaza de las hierbas

En la localidad de Los Mártires, muy cerca también de Paloquemao, se encuentra la plaza Samper Mendoza, conocida popularmente como “la plaza de las hierbas”. Este mercado, mucho más pequeño y especializado que Paloquemao, se ha consolidado como uno de los principales centros de comercialización de plantas medicinales, aromáticas y rituales del país, hasta el punto de que algunos la describen como un epicentro regional de este tipo de comercio. Sus locales reúnen a comerciantes y herbolarios llegados de distintas regiones de Colombia, muchos de ellos herederos de tradiciones medicinales indígenas y afrocolombianas, que ofrecen desde plantas para infusiones cotidianas hasta hierbas asociadas a prácticas rituales y espirituales.

Samper Mendoza tiene además una particularidad que la distingue de la mayoría de plazas de la ciudad: buena parte de su actividad se concentra en jornadas específicas, tradicionalmente los martes y viernes, cuando el mercado cobra vida con mayor intensidad. Visitarla en esos días permite no solo comprar productos difíciles de encontrar en otros lugares de la ciudad, sino también conversar con vendedores dispuestos a compartir el uso tradicional de cada planta, un conocimiento transmitido de generación en generación que convierte a esta plaza en un verdadero archivo vivo de saberes populares.

Las Cruces y La Perseverancia: memoria de barrio en el centro ampliado

En la localidad de Santa Fe, muy cerca del centro expandido de Bogotá, se encuentran dos plazas de menor tamaño pero con un fuerte arraigo comunitario: Las Cruces y La Perseverancia. Ambas están vinculadas a barrios históricos y obreros de la ciudad, y funcionan principalmente como mercados de abastecimiento cotidiano para sus comunidades, con una oferta más modesta que la de plazas como Paloquemao, pero con un ambiente igualmente genuino. Para quien busca alejarse de los circuitos turísticos y conocer cómo compran y se relacionan los bogotanos de barrio en su día a día, estas plazas ofrecen una experiencia mucho más íntima y menos concurrida por visitantes extranjeros.

Restrepo, 7 de Agosto y 12 de Octubre: mercados de identidad barrial

En distintas zonas de la ciudad —Antonio Nariño, Barrios Unidos— operan plazas como Restrepo, 7 de Agosto y 12 de Octubre, cada una profundamente asociada a la identidad del sector donde se ubica. La plaza de Restrepo, por ejemplo, funciona en un barrio históricamente conocido por su tradición zapatera y de manufactura de cuero, lo que se refleja también en el tipo de comercio que rodea al mercado. Estas plazas, aunque menos conocidas por el turismo internacional, son fundamentales para entender la estructura de abastecimiento popular de Bogotá: cada localidad de la ciudad cuenta, casi sin excepción, con su propia plaza de mercado, que funciona como punto de referencia comercial y social para los vecinos del sector.

Corabastos: la gran central de abastos

Ninguna conversación sobre los mercados de Bogotá estaría completa sin mencionar Corabastos, la Central de Abastos de Bogotá, ubicada en la localidad de Kennedy. A diferencia de las plazas distritales orientadas al consumidor final, Corabastos es un mercado mayorista de gran escala, considerado una de las centrales de abastecimiento más grandes de Suramérica por su extensión y por el volumen de alimentos que mueve diariamente hacia el resto de la ciudad y buena parte del país. Aunque no está pensada como destino turístico —su dinámica es fundamentalmente comercial e industrial, con camiones, bodegas y volúmenes de negociación muy distintos a los de una plaza de barrio—, Corabastos es la pieza central que explica por qué Bogotá cuenta con una red tan amplia y diversa de mercados: buena parte de lo que se vende en plazas como Paloquemao, La Concordia o Samper Mendoza pasa, directa o indirectamente, por esta central de abastos antes de llegar a los puestos de venta.

Otras plazas distritales de la ciudad

Además de las mencionadas, Bogotá cuenta con una amplia red de plazas distritales repartidas por casi todas sus localidades: Las Ferias y Quirigua, en Engativá; Kennedy y Boyacá Real, en el occidente de la ciudad; San Benito, San Carlos y El Carmen, en el sur; Fontibón, cerca del aeropuerto; y Trinidad Galán, en Puente Aranda, entre varias otras. Cada una de ellas conserva, en mayor o menor medida, la misma lógica que ha definido a las plazas de mercado colombianas durante generaciones: comercio de cercanía, precios más flexibles que los de las grandes superficies, productos frescos con trazabilidad directa hacia el campo, y un fuerte componente social que va mucho más allá de la simple transacción comercial.

Un patrimonio que la ciudad ha decidido proteger

En los últimos años, distintas administraciones distritales han impulsado programas específicos para fortalecer y modernizar estas plazas sin perder su carácter tradicional, capacitando a los comerciantes, mejorando la infraestructura física de varios mercados y promoviéndolos activamente como atractivos turísticos y culturales, además de su función original de abastecimiento. Iniciativas de este tipo han sido especialmente visibles en plazas como La Concordia, pero también se han extendido, con distinta intensidad, a otras plazas de la ciudad, en un esfuerzo por evitar que este patrimonio inmaterial —tan característico de la cultura urbana colombiana— desaparezca frente al avance de los supermercados de cadena y las plataformas de compra en línea.

Una red de mercados, una sola ciudad

Recorrer las plazas de mercado de Bogotá, más allá de La Concordia, es entender que la ciudad no tiene un único centro de abastecimiento, sino una red descentralizada de mercados que reflejan, cada uno a su manera, la identidad del barrio que los rodea. Paloquemao muestra la abundancia agrícola del país en su versión más colorida; Samper Mendoza revela una dimensión más espiritual y medicinal del comercio popular; Las Cruces y La Perseverancia conservan la memoria de los barrios obreros del centro; y Corabastos, en su escala industrial, sostiene silenciosamente a todas las demás. Para el visitante interesado en ir más allá de los circuitos turísticos convencionales, cada una de estas plazas ofrece una ventana distinta hacia la Bogotá cotidiana, esa que se construye todos los días, muy temprano en la mañana, entre carretillas, canastos y el bullicio propio de un mercado que nunca deja de moverse.