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Cafes

CASA GALERIA CAFE

Casa de patrimonio cultural ubicado en La Candelaria existe un espacio, una familia, un proyecto lleno de magia, color, inspiración y complicidad, para que disfrutes de historias y tradiciones gastronómicas de nuestro país.

sábado9 a. m. a 8 p. m.
domingo9 a. m. a 6 p. m.
lunes9 a. m. a 6 p. m.
martes9 a. m. a 7 p. m.
miércoles9 a. m. a 7 p. m.
jueves9 a. m. a 7 p. m.
viernes9 a. m. a 8 p. m.

Direccion: Cl. Del Embudo #12B – 92, Bogotá

Telefono: +573212683638

JAGUAR COFFEE BOGOTA

Jaguar Coffee es una cafetería de especialidad en Bogotá, donde puedes comprar Café Colombiano en el Distrito la Candelaria, Coffee lab, academia de baristas.

sábado8 a. m. a 9 p. m.
domingo10 a. m. a 7 p. m.
lunes9 a. m. a 7 p. m.
martes9 a. m. a 7 p. m.
miércoles9 a. m. a 7 p. m.
jueves9 a. m. a 7 p. m.
viernes8 a. m. a 9 p. m.

Direccion: Cl. 12b #2-85, La Candelaria, Bogotá

Telefono: +573157307016

MERLIN CAFE GALERIA

Merlin Cafe Galeria, con una atmósfera mágica y sabores que combinan tradición e innovación, te invitamos a vivir una experiencia fantastica.

sábado7 a. m. a 2 a. m.
domingo7 a. m. a 2 a. m.
lunes7 a. m. a 2 a. m.
martes7 a. m. a 2 a. m.
miércoles7 a. m. a 2 a. m.
jueves7 a. m. a 2 a. m.
viernes7 a. m. a 2 a. m.

Direccion: Cra 2 # 12 – 84, La Candelaria, Bogotá

Telefono: 6012849707

CAFE SAN ALBERTO CENTRO

Café San Alberto, el café más premiado de Colombia. Descubre la excelencia de nuestro café premiado.

Direccion: Cra. 7 #16-36, Bogotá

Telefono: 3165248264

JUAN VALDEZ TORRE BICENTENARIO

Cautivamos al mundo con los cafés premium de Colombia generando valor a los caficultores colombianos.

Direccion: Cra. 4 #16-3, Bogotá

Cafés de La Candelaria: la cultura cafetera de Colombia en su centro histórico

Colombia y el café son, para el resto del mundo, casi sinónimos. Pero pocos lugares condensan esa relación de forma tan intensa y tan visible como La Candelaria, el centro histórico de Bogotá. En sus calles empedradas, entre casonas coloniales y fachadas republicanas, conviven dos tradiciones cafeteras aparentemente opuestas pero profundamente complementarias: la del tinto de esquina, servido en vaso desechable por vendedores ambulantes desde hace generaciones, y la del café de especialidad, con sus métodos de filtrado, sus catas guiadas y su obsesión por la trazabilidad del grano. Entender esta convivencia es entender, en buena medida, cómo Colombia se relaciona con su producto más emblemático.

Un país que exporta café y que apenas empezó a bebérselo bien

Durante gran parte del siglo XX, Colombia exportó lo mejor de su café y se quedó, en el mercado interno, con los granos de menor calidad. Esa paradoja —producir uno de los mejores cafés suaves del mundo y no poder disfrutarlo localmente en su mejor versión— empezó a revertirse hace apenas dos décadas, cuando una nueva generación de caficultores, tostadores y baristas decidió quedarse con parte de esa producción de excelencia para el consumo nacional. Bogotá, y en particular La Candelaria, se convirtió en uno de los principales escenarios de ese cambio. Al ser el centro histórico, cultural y universitario de la capital, el barrio ofrecía el escenario perfecto para que esta nueva cultura cafetera encontrara público: estudiantes curiosos, turistas interesados en la trazabilidad del producto, y una arquitectura colonial que se presta de manera natural para instalar cafeterías con carácter propio.

Hoy, La Candelaria es probablemente el barrio con mayor concentración de cafés de especialidad por metro cuadrado en toda Bogotá, y uno de los pocos lugares del país donde es posible, en un solo recorrido a pie, comparar cafés de distintas regiones productoras —Huila, Nariño, Cauca, Santander, la zona cafetera del eje central— servidos con métodos que van desde la prensa francesa más tradicional hasta técnicas de filtrado de precisión como el V60 o el Chemex.

Del cultivo a la taza: lo que hace especial al café colombiano

Para entender por qué Bogotá, a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar, se ha convertido en un lugar tan adecuado para el café, hay que remontarse al origen del grano. Colombia cultiva casi exclusivamente café arábica, una variedad más delicada que exige altitudes elevadas, suelos volcánicos y un clima estable, condiciones que se dan de manera natural en buena parte de la cordillera andina. Esa combinación produce un café de acidez equilibrada, cuerpo medio y notas dulces que lo distinguen de otros orígenes productores.

Lo que ha cambiado en los últimos años no es tanto la calidad del grano —que siempre fue alta— sino la manera en que se procesa, se tuesta y se sirve. Los cafés de especialidad de La Candelaria suelen trabajar con lotes de origen único, es decir, café proveniente de una sola finca o de un grupo reducido de caficultores, lo que permite rastrear con precisión de dónde viene cada taza. Muchos de estos espacios tuestan su propio café directamente en Bogotá, en tandas semanales, para garantizar que el grano llegue lo más fresco posible a la taza, un detalle técnico que marca una diferencia notable frente al café tostado industrialmente y almacenado durante meses.

Los métodos que se pueden encontrar en el barrio

Uno de los atractivos de recorrer los cafés de La Candelaria es la posibilidad de comparar distintos métodos de preparación en un mismo día. El espresso, base de bebidas como el cappuccino, el latte o el flat white, sigue siendo el método más popular entre quienes buscan una experiencia rápida y potente. Para quienes prefieren perfiles más delicados y complejos, los métodos de filtrado manual —Chemex, V60, Kalita— permiten resaltar notas frutales, florales o cítricas que suelen perderse en preparaciones a presión. La prensa francesa, de origen europeo pero adoptada con entusiasmo por buena parte de las cafeterías tradicionales del barrio, ofrece un cuerpo más denso y una extracción más rústica, muy apreciada por quienes buscan un café con más carácter.

Algunos espacios del barrio, especialmente aquellos orientados a la experiencia educativa, ofrecen también catas guiadas o “cuppings”, una práctica de origen profesional que consiste en degustar distintos cafés siguiendo un protocolo estandarizado, evaluando aroma, acidez, cuerpo y sabor de manera comparativa. Esta actividad, cada vez más común en La Candelaria, ha convertido a varias cafeterías del sector en pequeñas escuelas informales de barismo, donde tanto locales como turistas pueden aprender a distinguir un café de un solo origen frente a una mezcla comercial.

El Callejón del Embudo, epicentro de la ruta cafetera

Si hay una calle que resume la escena cafetera contemporánea de La Candelaria, es el Callejón del Embudo, la vía estrecha y empedrada que conecta con la Plaza del Chorro de Quevedo. En pocos metros, este callejón concentra varias de las propuestas de café más reconocidas del barrio, muchas de ellas instaladas en casas de patrimonio histórico restauradas, con paredes de tapia, techos de madera vista y patios interiores que funcionan como terrazas informales. La combinación de arquitectura colonial, arte urbano en las fachadas cercanas y aroma a café recién tostado ha convertido a esta calle en una de las más fotografiadas del centro histórico, y en punto de partida habitual para los recorridos guiados de “ruta del café” que se ofrecen en la zona.

El tinto: la otra cara de la cultura cafetera

Frente a esta ola de cafés de especialidad, La Candelaria conserva también, con la misma fuerza, la tradición del tinto de esquina: ese café negro, dulce, servido en vasos pequeños o en termos por vendedores ambulantes que recorren las calles del barrio desde primera hora de la mañana. El tinto no busca sofisticación ni trazabilidad; busca calidez, costumbre y cercanía. Para muchos bogotanos, especialmente empleados públicos, estudiantes y trabajadores del centro histórico, el tinto de la mañana o de media tarde sigue siendo un ritual tan importante como cualquier café de especialidad, y su presencia en las calles de La Candelaria es un recordatorio de que la cultura cafetera del país no se reduce a un solo formato. De hecho, muchos de los cafés más reconocidos del barrio han incorporado el tinto tradicional a su carta, como un guiño consciente a esa historia popular que antecede por décadas a la ola de especialidad.

Cafés con historia propia

Una característica particular de La Candelaria es que buena parte de sus cafeterías no son negocios recientes sin memoria, sino espacios que llevan décadas funcionando y que han sido testigos directos de la transformación del barrio. Casas que hace treinta años apenas recibían visitantes ocasionales hoy forman parte de rutas turísticas consolidadas, y muchas de ellas han mantenido a la misma familia al frente del negocio durante generaciones. Esta continuidad le da a la escena cafetera del barrio un carácter distinto al de otras zonas de Bogotá con oferta más reciente: aquí, pedir un café no es solo consumir un producto, sino sentarse, literalmente, dentro de la historia reciente del centro de la ciudad.

Otros espacios, en cambio, han surgido en los últimos años como proyectos familiares o de emprendedores jóvenes que decidieron apostar por el centro histórico en un momento en que buena parte del turismo gastronómico de Bogotá se concentraba en el norte de la ciudad. Estos cafés más recientes suelen combinar la propuesta cafetera con galerías de arte, espacios de lectura, música en vivo o pequeñas cartas de cocina, ampliando la experiencia más allá de la simple taza de café.

Café y chocolate: una combinación con raíces

Colombia es también un importante productor de cacao, y varios de los cafés de La Candelaria han sabido aprovechar esa cercanía para ofrecer experiencias que combinan ambos productos: degustaciones de chocolate de origen, bebidas de chocolate caliente preparadas con panela y especias tradicionales, o postres que integran cacao y café colombiano en una misma preparación. Esta combinación no es casual: tanto el café como el cacao comparten una historia de cultivo campesino en zonas de montaña, y varias cafeterías del barrio han hecho de esa narrativa compartida parte de su identidad, presentando ambos productos como caras complementarias de la biodiversidad agrícola colombiana.

Espacios para trabajar, leer y conversar

Más allá de la calidad del café, buena parte del atractivo de las cafeterías de La Candelaria tiene que ver con el tipo de experiencia que ofrecen. Al estar ubicado junto a varias universidades importantes, el barrio tiene una vida académica intensa, y muchos cafés funcionan como extensión informal de las aulas: espacios donde estudiantes trabajan, discuten proyectos o simplemente hacen una pausa entre clases. Esta vocación de espacio de encuentro se combina con el perfil turístico del sector, generando una mezcla poco común de públicos: viajeros con mapa en mano, estudiantes con laptop, artistas de paso y vecinos de siempre comparten mesas contiguas en un mismo local, casi sin notarlo.

Esta doble vocación —turística y académica— explica también por qué muchos cafés de La Candelaria abren desde temprano en la mañana hasta bien entrada la noche, adaptando su oferta según la hora: café y algo de desayuno tradicional por la mañana, almuerzos ligeros al mediodía, y bebidas más elaboradas o incluso opciones con alcohol durante la noche, especialmente los fines de semana, cuando el barrio se llena de una energía más bohemia.

Cómo aprovechar mejor una ruta cafetera por el barrio

Para quienes quieren explorar en profundidad la escena cafetera de La Candelaria, conviene planear el recorrido con calma y sin prisa. Empezar por la mañana, con un tinto tradicional comprado a algún vendedor callejero cerca de la Plaza de Bolívar, es una manera auténtica de entrar en contacto con la cultura cafetera más popular del barrio. Avanzar después hacia el Chorro de Quevedo y el Callejón del Embudo permite descubrir la oferta de especialidad más consolidada, con tiempo suficiente para probar distintos métodos de preparación y comparar perfiles de sabor entre cafés de diferentes regiones productoras.

Muchas cafeterías del sector ofrecen también la posibilidad de comprar café en grano o molido para llevar, una excelente opción para quienes quieren continuar la experiencia en casa. Vale la pena preguntar siempre por el origen del café, la fecha de tueste y el método de procesamiento recomendado, información que en los cafés de especialidad suele estar disponible con gusto, ya que forma parte de la experiencia educativa que estos espacios buscan ofrecer.

Una taza que resume al barrio

Al final, la escena cafetera de La Candelaria funciona como un espejo del barrio en su conjunto: un lugar donde la tradición más antigua convive, sin fricciones, con la innovación más reciente; donde el vendedor ambulante de tinto y el barista certificado en catación comparten la misma calle sin competir realmente entre sí, porque ofrecen experiencias distintas para momentos distintos. Visitar los cafés de este barrio no es solo una parada gastronómica dentro de un recorrido turístico: es una forma directa de probar, en una sola taza, una de las historias agrícolas y culturales más importantes de Colombia, servida en el mismo lugar donde la ciudad —y en cierto sentido el país— comenzó a escribirse.